Nos encontramos en la que en Sevilla llamamos Semana de Pasión, la previa a la Semana Santa. Subamos, pues, algo al respecto.
Un nazareno se dirige hacia su iglesia para hacer estación de penitencia pero resulta paradójico que en el Convento vecino se implore por la llegada de quizá el enemigo de la Semana Santa, la lluvia.